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Mi suegra falleció y cómo construimos nuestra casa en el terreno, sus hijos me echaron. Yo era viuda.

²“¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!” Ramiro salió corriendo de su camioneta. “¡ESTÁS LOCA!”

“Probablemente,” admití, mientras el operador calentaba la máquina. “Pero sabes qué, *cuñado*. Si no puedo tener la casa donde fui feliz con Roberto, donde mamá Lucía me enseñó a hacer sus tamales, donde lloré y reí y construí una vida… entonces nadie la tendrá.”

“¡No puedes destruir la casa! ¡Está en nuestro terreno!”

Saqué otro fajo de papeles.

“Mis abogados dicen que sí puedo. Ustedes son dueños del terreno, pero yo pagué la construcción. Y si decido demoler lo que yo pagué *antes* de que se cumpla el plazo de desocupación…” me encogí de hombros, “es completamente legal.”

Patricia llegó corriendo.

“¡Ramiro! ¿Qué pasa?”

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