Unas semanas después, Sarah volvió a examinar la fotografía con un escáner de alta resolución. Amplió cada detalle: las telas, los peinados, las poses. Luego se centró en la niña del centro, de unos ocho años. Su mano descansaba sobre su vestido oscuro.
Y allí vio algo que nadie había notado antes: profundas y antiguas marcas circulares alrededor de su muñeca. No una cicatriz aislada, sino un verdadero anillo de piel amoratada.
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