En un tazón grande, disuelve la sal en el agua revolviendo con un batidor.
Agrega gradualmente la harina, revolviendo con una cuchara hasta que la mezcla comience a unirse.
Transfiere la masa a una superficie enharinada y amasa con las manos. Si la masa está demasiado pegajosa, agrega una cucharada adicional de harina y continúa amasando hasta que quede suave.
Deja reposar la masa durante 15 minutos.
Prepara el queso y la mantequilla:
Mientras la masa reposa, ralla el queso cheddar y derrite la mantequilla en una cacerola pequeña o en el microondas.
Forma el pan plano:
Divide la masa reposada en cuatro partes iguales.
Enrolla cada parte en una bola y luego extiende cada bola en forma de óvalo fino.
Pinta cada óvalo con mantequilla derretida.
Corta cada óvalo en 4 tiras, dejando un borde unido (como las venas de una hoja).
Espolvorea queso rallado a lo largo del centro de cada tira.
Comenzando desde el borde sin cortar, enrolla las tiras firmemente para formar un rollo.
Repite con las bolas de masa restantes.
Enfriamiento y enrollado final:
Coloca los rollos enrollados en el refrigerador durante otros 15 minutos para que se endurezcan.
Después de enfriar, extiende cada rollo en un círculo plano de aproximadamente 24 centímetros (9,5 pulgadas) de diámetro.
Cocina el pan plano:
Calienta una sartén seca (26 centímetros o 10 pulgadas de diámetro) a fuego medio. Cocine cada pan plano durante unos 3-4 minutos de cada lado, dándoles la vuelta de vez en cuando, hasta que se doren y se inflen.
Sugerencias para servir:
Sírvalo tibio con una guarnición de salsa marinara o salsa de tomate.
Acompáñelo con una sopa o ensalada abundante para una comida completa.
Úselo como base para pizzas de pan plano con sus ingredientes favoritos.
Disfrútelo como refrigerio con un chorrito de miel para darle un toque dulce y sabroso.
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