²
—Entendido —dije.
Parpadeó, irritado por mi serenidad. —Bien —respondió—. Y no intentes nada. Ya hablé con mi abogado. Recibirás tu merecido.
Asentí con la cabeza una vez. “Por supuesto.”
Esa noche dormí en la habitación de invitados.
No hice la maleta.
No entré en pánico.
En cambio, hice tres llamadas:
• Mi abogada, Naomi Park.
• Mi director financiero, ya que mi paquete de beneficios incluye cláusulas de confidencialidad y protección de activos.
• Mi banco, para restringir el acceso a mi cuenta.
Naomi había revisado los documentos públicos esa mañana. Trent tenía razón en una cosa:
Su nombre figuraba en el registro de la propiedad.
Pero él desconocía la historia completa que había detrás de este acto.
Y no tenía ni idea de quién había financiado el pago inicial.
A las 8:12 de la mañana, Trent llamó a la puerta de la habitación de invitados.
—Dije mañana —gruñó.
Abrí la puerta un poco y lo miré fijamente a los ojos. —Te oí —dije con calma—. Y pronto volverás a saber de mí.
Él se rió. “¿Con qué poder? No tienes ninguno.”
Casi sonreí.
Porque definitivamente tenía poder.
Simplemente aún no lo había probado con él.
Tres días después, estaba sentado en una suite de hotel al otro lado de la ciudad, firmando documentos con Naomi, cuando mi teléfono se iluminó con el nombre de Trent.
Su voz ya no sonaba arrogante.
Contenido patrocinado
10 ¡No te pierdas esta oportunidad!
Asegúrate de recuperar tu dinero, ¡y ese es precisamente el problema!
Kate pensó que nadie se daría cuenta, pero lo grabaron.
Sonaba débil. Entré en pánico.
—¡Escucha! —exclamó—. Tenemos que hablar. Ahora mismo.
—No —dije con calma.
ADVERTISEMENT