²
fue empujada con una violencia inucitada, casi salvaje, por un escuadrón completo de agentes uniformados y detectives de civil pertenecientes a la brigada de delitos económicos. No hubo el más mínimo tiempo para dar explicaciones de ningún tipo, ni para intentar comprender el dantesco surrealismo de la escena policial que se estaba desarrollando ante sus ojos atónitos.
Las aterradoras palabras fraude continuado, desfalco millonario sistemático y evasión masiva de capitales resonaban en la pequeña sala de archivos como ensordecedores y rítmicos martillazos golpeando sobre un yunque al rojo vivo.
Cuando un veterano inspector de policía de rostro pétreo y voz áspera leyó sus derechos constitucionales de carrerilla casi sin respirar, y procedió a colocarle con un seco chasquido metálico las frías y humillantes esposas de acero.
En las frágiles muñecas, la mente de Isabela sufrió un apagón total. se quedó completamente en blanco, paralizada por un terror irracional y un sudor frío y pegajoso que le empapaba la blusa de hilo.
En medio del caos reinante, de los gritos policiales dando órdenes de requisa y del monumental revuelo general, buscó a la desesperada la mirada protectora de Mateo. esperaba, rezaba interiormente con todas las fuerzas de su alma, que él, su gran amor, su escudo inexpugnable, el hombre recto,
cabal y temeroso de Dios, que ella creía conocer hasta la médula de sus huesos, diera un valiente paso al frente. Anhelaba con desesperación que levantara la voz imponente, que parara en seco aquella locura incomprensible y deshiciera aquel espantoso y cruel malentendido.
asumiendo como un verdadero hombre el control absoluto de la situación, pero la figura, impecablemente trajeada con lana inglesa a medida de Mateo, permaneció clavada e inmóvil al fondo del largo pasillo de Moqueta, parapetado cobardemente tras un infranqueable muro de silencio sepulcral.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬
ADVERTISEMENT