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2. Personas con digestión sensible
Si tu sistema digestivo es como una autopista, el repollo actúa como una excavadora, ideal para despejar obstrucciones gracias a su contenido de fibra. Pero para las personas con problemas digestivos como diarrea o intestinos sensibles, esa excavadora puede convertirse en una aplanadora desbocada, empeorando las cosas.
Si tu digestión ya está comprometida, es mejor evitar el repollo y optar por verduras más suaves como zanahorias cocidas o calabacines al vapor.
3. Personas propensas a alergias o hemorragias oculares
Cuando pensamos en alergias, solemos pensar en la primavera y el polen. Pero comer repollo, sobre todo encurtido o fermentado, también puede provocar reacciones inesperadas como picazón, ojos llorosos o goteo nasal.