Con las manos temblorosas, cerré la puerta detrás de ella y le conté todo. Palabra por palabra. Cada detalle nauseabundo. La conversación que había escuchado entre Ethan y Connor. La frialdad en la voz de Ethan cuando habló de nuestro bebé, de mí. La traición.
El rostro de Emily pasó de la confusión a la furia, y entonces supe que había hecho bien en decírselo.
“Dios mío”, susurró con la voz temblorosa. “Claire, no puedes casarte con él. No puedes.”
“No voy a hacerlo”, dije, con una voz más firme de lo que me sentía. “Pero sí voy a bajar.”
Emily me miró durante dos largos segundos, con el ceño fruncido por la preocupación. Después, sin decir una palabra, asintió.
“Dime qué necesitas.”
Esa simple pregunta, la sinceridad de su voz, me salvó. Era exactamente lo que necesitaba oír. No estaba sola en esto.
“Necesito que estés a mi lado”, dije, tragando con dificultad. “Necesito que estés conmigo, que me ayudes a pasar por esto. Tenemos que asegurarnos de que lo que ocurra hoy sea la verdad, por dolorosa que sea.”
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