²
Entré al baño, me quité el vestido de novia y me puse un sencillo vestido azul marino de estilo ejecutivo. Luego llamé a mi abogada.
—Cancela la ceremonia. Anula todo. Protege la casa.
Al salir, los invitados ya estaban sentados. Mi prometido sonreía junto al altar.
Me vio vestida de azul. —Se acabó el tiempo —dije—.
—Esta boda queda cancelada.
En ese instante comprendí algo importante: Algunas bodas no necesitan novio. Solo necesitan la verdad.
Caleb se rió nerviosamente: —Hablaremos después. Solo no me humilles.
No me lastimes. No me ames. Solo… no me humilles.
—Te humillaste tú mismo —respondí.
Me giré hacia los invitados: —La boda está cancelada. Disfruten de la comida, pero no habrá ceremonia.
ADVERTISEMENT