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Su MADRASTRA Quería Humillarla, OBLIGÁNDOLA a casarse con un MENDIGO… y ÉL cambió todo…

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Tomás respiró hondo. El silencio volvió, pero era distinto. Era un silencio lleno. Afuera, la luna empezaba a asomar. ¿Y ahora qué?”, preguntó él. “Ahora sembramos más, no solo en la tierra, también en la gente. Porque hay muchos que no saben que sí se puede, que aunque te arrastren uno puede pararse, aunque te humillen puedes levantarte y aunque te entreguen como basura, puedes florecer.

” Tomás le tendió la mano. Ella la tomó. “Gracias”, le dijo él. ¿Por qué? por enseñarme que la dignidad no grita, trabaja. Isabela lo miró, luego miró por la ventana. ¿Ves esa tierra seca? Sí. Ahí mismo van a salir flores. No hoy, no mañana, pero van a salir porque ya les hablé. Les dije que no estamos solas.

Y ahí con el sol ya oculto, con las luces apagadas y el corazón encendido, Isabela cerró el día como cerró toda su historia. de pie. Porque esa muchacha, que fue obligada a casarse con un mendigo para humillarla, no solo sobrevivió, se convirtió en la mujer que jamás imaginaron que llegaría a ser. Reflexión final.

El poder más grande no lo tiene quien domina, lo tiene quien resiste sin odio, quien transforma su dolor en siembra y su pasado en raíz. A veces la vida no te da lo que mereces, pero siempre te da la tierra para plantar lo que sueñas.

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