También es común que se vuelvan más callados, menos interesados en conversaciones o actividades. Esto no significa que hayan dejado de amar, sino que su mente procesa el mundo de otra manera.
Aunque no siempre puedan expresarlo, aún sienten el afecto, la presencia y el tono de voz.
4. Infecciones frecuentes y heridas que no sanan
El sistema inmunológico se debilita notablemente. Por eso pueden aparecer:
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Resfriados constantes.
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Infecciones urinarias o respiratorias.
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Heridas que tardan mucho en cerrar.
Incluso pequeñas lesiones pueden volverse complicadas. Muchas veces las infecciones no causan fiebre, sino confusión o mayor cansancio. Es una señal de que el cuerpo ya no se defiende como antes.
5. Cambios en la respiración y en la circulación
Cuando el cuerpo se acerca a su etapa final, la respiración y la circulación cambian:
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La respiración se vuelve irregular o superficial.
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Las manos y los pies se sienten fríos.
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La piel puede verse pálida o azulada.
Esto sucede porque la sangre se concentra en los órganos vitales. También puede aparecer dificultad para respirar al hablar o moverse.
En esta fase, la prioridad es la comodidad: buena ventilación, postura cómoda y tranquilidad.
Consejos y recomendaciones
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Mantén un ambiente tranquilo, con luz suave y poco ruido.
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Habla con voz calmada y usa el contacto físico si la persona lo acepta.
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No fuerces comidas ni actividades. Respeta sus límites.
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Ofrece agua o líquidos en pequeños sorbos si los tolera.
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Escucha más de lo que hablas. A veces la presencia vale más que las palabras.
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Asegúrate de que esté cómoda, limpia y bien posicionada.
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