Paso 2: Una vez que la mezcla anterior haya alcanzado el punto de ebullición y la mantequilla esté totalmente integrada, reduce el fuego a bajo. Añade de golpe la harina tamizada junto con la pizca de sal. Remueve vigorosamente con una cuchara de madera hasta que la masa se vuelva homogénea y se despegue de las paredes de la cacerola. Este paso es crucial para evitar la formación de grumos.
Paso 3: Retira la cacerola del fuego y deja que la masa se temple durante unos minutos. Es importante que no esté demasiado caliente para evitar que los huevos se cocinen al añadirlos.
Paso 4: Incorpora los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición hasta que estén completamente integrados. La masa debe quedar suave, brillante y con una consistencia que caiga lentamente de la cuchara.
Paso 5: Calienta el aceite de girasol en una sartén profunda o freidora a una temperatura de aproximadamente 180°C (350°F). Es vital que el aceite esté bien caliente para que los buñuelos se cocinen uniformemente y no absorban demasiado aceite.
Paso 6: Con la ayuda de dos cucharas, toma porciones de la masa y forma bolas que luego freirás en el aceite caliente. No sobrecargues la sartén; es mejor freír en tandas para que los buñuelos tengan espacio para expandirse y dorarse uniformemente.
Paso 7: Una vez dorados por ambos lados, retira los buñuelos del aceite con una espumadera y colócalos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.
Paso 8: Mientras los buñuelos aún estén calientes, espolvorea con azúcar al gusto. Esto les dará un acabado dulce y una textura ligeramente crujiente.
COCINA Nota:
Es crucial que el aceite mantenga una temperatura constante durante la fritura para asegurar que los buñuelos se inflen correctamente y adquieran un color dorado uniforme.
Sugerencias para servir:
Los buñuelos se disfrutan mejor recién hechos, cuando están crujientes por fuera y suaves por dentro. Puedes acompañarlos con un café recién hecho o un vaso de leche caliente para una experiencia aún más reconfortante.
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