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Al consumir un huevo podrido, el sistema digestivo reacciona rápidamente. Bacterias como la Salmonella liberan toxinas que irritan el estómago y los intestinos. Esta irritación causa inflamación, lo que provoca diarrea y vómitos mientras el cuerpo intenta eliminar la sustancia dañina.
Además, los huevos podridos suelen contener compuestos de azufre que producen un fuerte olor a podrido. Si bien estos compuestos no siempre son peligrosos, son una señal de que el huevo se ha descompuesto y podría no ser seguro para el consumo.
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