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Parte 2 Abrí la puerta lentamente, preparada para…

Parte 2 :
Abrí la puerta lentamente, preparada para cualquier cosa.
Lo primero que me golpeó fue el olor. No a comida recién hecha ni a limpieza, sino a algo quemado, mezclado con detergente y aire encerrado. Los zapatos estaban tirados por el pasillo, una chamarra colgaba del picaporte y había migas en el suelo.
— ¿Valeria? — escuché la voz de Diego desde la sala—. Ya llegaste…
Entré.
El sillón estaba cubierto de cobijas tiradas sin orden. Sobre la mesa había platos sucios, vasos vacíos y restos de comida seca. Mateo y Camila estaban sentados en el suelo con las tabletas. Mariana estaba en el sillón, como siempre, con el celular en la mano. Lupita y Raúl miraban la televisión sin siquiera voltear.
Doña Carmen salió de la cocina y se detuvo en seco al verme.
— Ah, ya volviste… —dijo con frialdad—. Por fin.
Dejé la maleta en el suelo con calma.
— Buenos días —dije en voz baja.
Diego se acercó. Tenía aspecto agotado: la camisa arrugada, ojeras profundas.
— ¿Podemos hablar? —preguntó en voz baja.
— Podemos —respondí—. Pero no ahora.
— Valeria, mi mamá estaba muy enojada. Dijo que…
— Diego —lo interrumpí—, no me interesa lo que haya dicho tu mamá. Volví después de cinco días en los que dormí, comí y respiré con normalidad. No empieces.
Mariana levantó la vista del celular.
— Qué dramática… —murmuró.
Me giré hacia ella.
— Mariana, durante cinco días no cocinaste, no limpiaste ni ayudaste en nada. Por favor, no opines.
Se quedó con la boca entreabierta.
Doña Carmen apretó los labios.
— Así no se habla delante de los niños.
— Entonces quizá debieron comportarse como adultos —respondí.
Se hizo un silencio pesado.
Diego suspiró hondo.
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