Desde ese momento, Gregorio tuvo que aprender a criar a su hijo completamente solo.
Trabajaba largas jornadas para mantener el hogar. Hubo épocas en las que tuvo dos empleos al mismo tiempo, pero siempre encontraba la manera de estar presente.
Estaba allí para ayudar con las tareas escolares, preparar la cena y acompañar a Lucas en los momentos difíciles.
Y había algo que siempre sorprendía al niño.
Gregorio jamás hablaba mal de Julia.
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