No intentaba protegerme de las dificultades, sino animarme a adentrarme en una vida que había dudado en perseguir. Se lo expliqué a mis padres, no como un rechazo, sino como la gratitud que guiaba mi decisión. Con el tiempo, empezaron a comprender. Con esa herencia, me inscribí en un programa que siempre había deseado, pero al que nunca le había dado prioridad. El dinero en sí no lo cambió todo, pero la convicción que lo inspiró sí. Me demostró que honrar el legado de alguien puede significar, por fin, creer en uno mismo como esa persona siempre creyó en ti.
ADVERTISEMENT