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—Entonces cree que tú no tienes hijos.
—Eso cree.
Mateo cruzó los brazos, igual que ella cuando estaba protegiéndose.
—No quiero que te vuelva a hacer daño.
Mariana tomó su mano.
—Ya no puede.
Hubo un silencio largo.
—¿Y si no nos quieren? —preguntó Diego.
Mariana sintió que el corazón se le apretaba, pero no dejó que su voz temblara.
—Entonces eso hablará de ellos, no de ustedes.
Camila levantó la barbilla.
—Pues que nos vean bien.
Mariana sonrió.
—Eso van a hacer.
Nadie en la casa Santillán imaginaba que esa Navidad no iba a ser una burla, sino un juicio familiar.
Y Rodrigo no podía creer lo que estaba a punto de pasar…
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