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Esa noche comenzó demasiado tranquila para…

Pero creo en mí mismo.
Si siento una opresión en mi interior, no la ignoro. Él nos salvó cuando ya estábamos al borde del colapso.
A veces pienso en la versión de mí misma tirada en el suelo, fingiendo estar inconsciente. Asustada, débil, pero aún capaz de tomar decisiones. Parecía frágil.
Pero resultó ser el más fuerte.
Conclusión:
Nuestra vida no se convirtió en un cuento de hadas después. No hubo una felicidad repentina que borrara el pasado. Las cicatrices permanecen. En los recuerdos. En las costumbres. Mientras reviso dos veces las cerraduras.
Pero en medio de todo esto, algo más surgió.
Silencio,
Gratitud incondicional por las cosas cotidianas. Por la luz de la mañana que se filtra por la ventana. Por la risa de Evan. Por las cenas que ya no me asustan.
Ya no soy la mujer que creía que el amor siempre significaba seguridad. Ahora sé que, a veces, la seguridad se construye. Ladrillo a ladrillo. Decisión a decisión.
Y si aquella noche el amor parecía silencioso sobre un suelo frío, hoy parece diferente.
Parece que la vida sigue su curso, pase lo que pase.

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