ADVERTISEMENT
ADVERTISEMENT
Después de tres años de matrimonio, mi esposo de pronto me pidió dormir en habitaciones separadas. Me opongo con todas mis fuerzas, pero no lograré hacerlo cambiar de opinión. Así que, aprovechando que él no estaba en casa, mandé hacer un pequeño agujero en la pared… Y la noche siguiente, cuando miré por ahí, casi grité del susto al descubrir la verdadera razón…
²
Llamé a mi mamá, a mi hermana, a amigas. Todas prometieron ayudar, pero no alcanzaba.
Entonces llamé a la persona que jamás pensé buscar: mi suegra, doña Carmen, en Puebla.
Ella escuchó en silencio. Luego dijo:
—Sofía, yo no tengo ese dinero… pero el padre de Diego sí.
Me quedé helada.
—Diego me dijo que su papá murió.
—Eso fue lo que le hicimos creer.
Al día siguiente fui a Puebla. Doña Carmen me mostró cartas viejas y fotos de un hombre cargando a un bebé idéntico a Diego.
—Se llama Ricardo Armenta. Vive en Monterrey. Nunca supo que Diego estaba vivo.
Guardé su tarjeta con las manos temblando.
Cuando llamé a su oficina, dije una sola frase:
—Soy la esposa de su hijo.
Del otro lado, un hombre respiró como si acabaran de abrirle una tumba.
—¿Dónde está Diego?
Y yo entendí que la verdad apenas iba a explotar…
ADVERTISEMENT