²Mantenerse presente: Las alegrías sencillas —la luz del sol, las flores, el aire fresco— nutren la paz
Cuidar el cuerpo con ternura: El descanso, la hidratación y la naturaleza importan
Escuchar atentamente: A menudo, el silencio compartido es el mayor regalo
Reconocer estas señales no es motivo de tristeza, sino de respeto. Sugieren que la conciencia se prepara para un retorno apacible. La muerte no borra la vida, la continúa. Cuando el alma recuerda su naturaleza, el tránsito se vuelve sereno, significativo y pleno.
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