Esa noche, después de recoger las flores y calmar las risas, nos sentamos en la sala, aliviados. El grito que al principio nos aterrorizó se convirtió en una historia divertida de la que nos reiríamos durante años.
Mi padre y Larissa durmieron abrazados, y por primera vez en mucho tiempo, la casa volvió a sentirse completa.
Visited 1 739 times, 1 visit(s) today
ADVERTISEMENT